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"Para tal objeto, pues, con desenfadado literario e histórico y a fin de no desairar empeños ni súplicas apremiantes, se escribieron hace veinte y tantos años las presentes EMBAJADAS. Hoy se imprimen con ánimo de evitar que los innumerables errores de copia manuscrita les quiten, como ya sucedía, hasta el sabor de localidad, única ventaja que tienen sobre las de los pueblos circunvecinos; adrede se escribieron para que no se representarán al público sino en las fiestas de Ontiniente".

Con este párrafo se cierra el prólogo a la primera edición de las Embajadas del Moro y del Cristiano de D. Joaquín José Cervino y Ferrero. Escritas en 1860, fueron impresas por vez primera en 1881, en la Imprenta de Arribau y Cª., Sucesores de Rivadeneyra, de Madrid. Por lo tanto, aún en vida del autor, fallecido en 1883, el citado prólogo, a buen seguro obra del Magistrado Cervino, es el que se ha reproducido en las ediciones que ha habido en el presente siglo; es un texto breve pero que da una preciosa información acerca de las fiestas de las primeras décadas.

Habrá que esperar a 1901 para que vuelva a imprimirse el texto de las Embajadas, por supuesto reproduciendo el pólogo de 1881 (en esta ocasión hay reproducción tipo facsímil de la Librería "París-Valencia"). Durante el siglo XX hay varias ediciones más, y en diversas ocasiones se reproduce el texto en los programas de fiestas.

Así pues, en esta ocasión seguimos la tradición de ofrecer el texto que ha deleitado a tantas generaciones de ontinyentíns, especialmente para que pueda ser apreciado tras la lectura del artículo que glosa su composición literaria.

  


EMBAJADAS DEL MORO Y DEL CRISTIANO

POR LA MAÑANA

EMBAJADA DEL MORO

Castillo de Onteniente: sobre la puerta el escudo heráldico de la villa, que es un castillo coronado con las barras de Aragón y dos leones vomitando agua, con esta leyenda: "Cual mis aguas, es limpio de mis hijos el linaje."

Interlocutores
Embajador Moro
Capitán Cristiano
Soldado Cristiano

Habla el SOLDADO CRISTIANO desde las almenas.

SOLDADO
Insigne vila, en quien el sielo santo
Derramó a manos llenas sus bondades,
Y en los días de gozo fue tu escudo,
Y fue tu amparo en los adversos trances;
Tú, villa de Onteniente generosa,
Tú, reina augusta del más lindo valle,
Tú, la de fuentes límpidas y puras.
Tú, la de fecundísimos raudales,
Tú, que te ves de flores coronada,
De espigas y racimos, en la margen
Del risueño Clariano, cuyas ondas
Besan tu pie al rendirte vasallaje;
Tú, que te ufanas con tus nobles hijos,
Que en todas ocasiones fueron parte
A consignar tu nombre en las historias,
Orlando con laureles inmortales;
Tú, que debiste á Dios tantos auxilios
Si en pestes, guerras, tempestades ó hambres,
A probar tu constancia y fe cristianas
Llegó tal vez azote fulminante;
Que llamas protectoras, y reina, y guía,
Y refugio, y patrona, y norte, y madre,
A MARÍA, más pura que los cielos
Y que los soles que en los cielos arden;
Tú, en fin, patria querida, acude alegre
Y el regocijo púbico comparte
Con que hoy queremos tus ufanos hijos
Reverenciar la salvadora imagen,
La imagen de JESÚS EN LA AGONÍA,
Por quien a Dios tu angustia encomendaste
Cuando el contagio horrendo atribulaba
Tus campos, y tus plazas, y tus calles.
Ven y consiente que en ficción risueña,
Y en bullicioso retronante alarde,
El humo de la pólvora te anime,
Y el estallar del arcabuz te halague,
Recordándote hoy luchas y proezas
De otros siglos tal vez y otras edades,
Que tu fe aviven y que a nadie cuesten
Ni una gota de llanto ni de sangre.
Ea, pues, Onteniente, a Dios bendice;
Olvídate de críticos quilates
Si oyes que remezclamos las modernas
Con tus antiguas glorias inmortales;
Y, pues que en veras contra el moro altivo
Acaba España de mostrar que sabe
Pelear y vencer, y de Marruecos
Dominar los feroces estandares,
Ven hoy a ver como en alegres burlas,
Recordando el valor de nuestros padres,
Unos somos cristianos, otros moros,
Y todos en quererte ¡oh patria! iguales.

(Aparece el Embajador moro seguido de brillante escolta de los suyos; ésta queda a conveniente distancia, y él, adelantándose hacia el castillo, dice:)

EMBAJADOR
Bravo castillo es ese en que el cristiano
Seguro piensa estar de los alfanjes
Que los hijos de Alá blandir sabemos,
Contando las victorias por combates.
Bravo es ese castillo, y le decoran
Las barras de Aragón y dos voraces
Leones en su escudo, cuyas bocas
Agua desiden pura y murmurante.
Orgulloso es el mote que por cima
De su blasón la noble villa trae;
Lo conozco y lo leo: "Cual mis aguas
es limpio de mis hijos el linaje."
Y juro por Mahoma, que a valientes
No hay muchos en España que les ganen;
Serían los primeros, si nosotros
En valor no estuviéramos delante.
La villa he de rendir; mas antes quiero
Ver si, evitando asaltos y combates,
Hundir consigo su cristiana enseña,
Y mis lunas plantar en sus baluartes.
A Abdialá sirvo así, rey poderoso,
Temido del Poniente hasta el Levante.
Que esta embajada a proponer me envía
A esos cristianos en su fe arrogantes.
Sal, pues, caballo mío: parte y broten
Fuego las piedras donde el callo estampes.
Allí está el centinela: ahora veremos
Si su jefe se atreve a presentarse.

(Se acerca el castillo luciendo la maestria de su caballo.)

SOLDADO
¡Alerta! ¡Alerta! Armada gente arriba,
Castillo de Onteniente, a tus umbrales.

(Suenan dentro del castillo dos notas de un clarín, como avisando.)

EMBAJADOR
¡Ah del muro! Cristiano centinela,
No te asustes al verme.

SOLDADO
¡Yo asustarme!
Ni con cien como tu.

EMBAJADOR
Tienes orgullo.

SOLDADO
Tengo serenidad para el combate,
Y de hablar con un hijo de Mahoma
No muy vivos deseos.

EMBAJADOR
¡Soy Atarfe!

SOLDADO
Mas que seas Luzbel: yo soy Gandía,
Nacido entre estos ricos olivares,
Y tengo un arcabuz, que Mata-moros
Se llama de apellido.

EMBAJADOR
Bien: me place
El ver que el centinela del cristiano
Es jactancioso. Avisa al comandante
De ese castillo, y acabemos pronto
La embajada que tengo que anunciarle.

SOLDADO
¿Embajada dijiste? Pues presumo,
Si nos quieres rendir, que será en balde.

(Vase.)

EMBAJADOR
¡Oh! ¡Si lograra yo con mis razones
Convencer al caudillo de ese adarve!
¡Qué premio tan magnífico obtuviera
Del gran Califa, que el Profeta guarde!

(Sale el Capitán cristiano.)

CAPITAN
¿Quién busca el capitán Lope Vaillo?

EMBAJADOR
Atarfe, embajador que quiere hablarte.

CAPITAN
¿Eres tú?

EMBAJADOR
El mismo soy.

CAPITAN
Dios te ilumine.

EMBAJADOR
Y a ti librete Alá de todos males.

CAPITAN
Caballero parécesme y valiente.

EMBAJADOR
Lo mismo me pareces y arrogante.

CAPITAN
Di pronto a qué veniste, que ya escucho.

EMBAJADOR
Pues oye, y de escucharme no te canses.
Después que vuestros reyes, sumergidos
En odios, en molicie y en desmanes,
El cetro de los godos convirtieron
En débil caña combatida y frágil,
Apareció Rodrigo, para colmo
De hispana desventura miserable,
Y al conde D. Julián fiero ultrajando,
Trajo a España las iras del Alarbe.
Bien sabes, capitán, del Guadalete
Las hórridas jornadas, y bien sabes
Cómo lograron mis abuelos daros
Pruebas de su ardimiento y su coraje.
¿Quién como Alá? Brilló la Media Luna
En donde muere el sol y en donde nace.
África lanzó a España sus valientes;
África venció a España en todas partes:
Tarik, Abderramán, Almanzor, Muza
Ciñéronse laureles inmortales.
Zaragoza, Toledo, Jaén, Granada,
Sevilla, Badajoz, Santiago, Cádiz,
Vieron al Moro triunfador alzando
Bandera victoriosa, y las ciudades,
Las villas y los campos de consumo
Le rindieron tributo y vasallaje.
Esa hermosa Valencia, paraíso
De flores, y de amor, y de beldades,
Bajó también la coronada frente
Y un moro fue su rey, califa y padre.
De allí extendióse el musulmán imperio,
Y arabe fue Ruzafa y Almusafes,
Y Alberique, y Alcira la sultana,
Que del Júcar se baña en los cristales;
Játiva, Benigánim y Gandía,
Albaida, Alcoy, cien otros, y este valle,
Desde el altivo Moncabrer y desde
La peña que figura un monje en Agres,
Hasta el confín del reino castellano
En Villena y Caudete, fueron árabes.
Tú también, Onteniente, en las almenas
Del Mirador nuestro pendón miraste:
Nuestras son tus costumbres, nuestro el modo
De cultivar tus campos y heredades;
Nuestra la ley de repartir las aguas,
Destinadas al riego en limpios cauces;
Nuestro el brillar que en los serenos ojos,
En los luceros de tus hijas arde;
Nuestro el valor y arranque de tus hijos,
Y casi nuestro aún su porte y trajes.
Siendo esto así, ¿qué importa que vencieran
El Cid después y reyes cual D. Jaime?
¿Que importa que las villas y castillos
Nos hicieran perder en duros lances?
Os trajeron la Cruz, más no con ella
El bienestar que nos debisteis antes.

CAPITÁN
Cállate, moro, y de la Cruz no insultes
Los que adoramos hoy sacros esmaltes,
O juro que me false la paciencia
De continuar oyendo tu mensaje.
Sigue: contestaré; porque hasta ahora
Parecen tus razones disparates.

EMBAJADOR
Pues en su mente altiva recordando
Mi gran rey Abdala que eves pilares
Fueron de sus mayores, y estas sierras
Conquistadas al precio de su sangre,
Decide, por amor hacia vosotros,
Recobrarlas, de troy mas, a todo trance.

CAPITAN
No lo ha pensado mal, pero imagino
Que el ponerlo por obra no es tan fácil.

EMBAJADOR
Escúchame hasta el fin; no hay imposible
Que el poder de Mahoma no contraste.
Rey potente Abdalá, de Dios querido,
Amado del Profeta, el sabio, el grande,
Lleva su impeno hasta el remoto clima
Que fertiliza el caudaloso Ganges.
Vieras allí riquezas indecibles,
Montes de oro y colinas de diamantes.
Cien esclavas le siembran el camino
De rosas y claveles y azahares,
Y le ofrecen sus gracias que embelesan,
En dulces cantos y ligeros bailes:
De China y de Sabá le dan perfumes;
Le traen de Cachemira blancos chafes;
Halla en tinas de pórfido y de plata
Baños de esencia de jazmín fragantes:
Habla y le escuchan prosternados pueblos;
Manda, ruedan cabezas a millares;
Levanta el cetro, y cubren las llanuras
Ejércitos de ejércitos ferales;
Dice: "!Quién como yo!", y el mundo entero
Cede al oir su voz, tiembla y se abate.
Así Abdalá cruza el Egipto, y vuela:
Deja atrás los desiertos arenales
Del África; el Estrecho gaditano
Le ve passar con invencibles naves;
Subyuga a Andalucía, llega a Murcia,
Domina cual rugir de tempestades;
La enseña de Mahoma ya ha fijado
En el fuerte castillo de Alicante;
Y aquí me envía, y de su parte vengo
A evitaros congojas y desastres.
Sube a esos montes, y verás la tierra
Cubierta de caballos y de infantes:
No resistáis, guerreros de Onteniente;
No os mostréis temerarios y tenaces:
Ríndeme, Capitán, ese castillo,
Y pídele a mi rey cuanto gustares.
Dije: decide; tu respuesta aguardo:
Escoge: guerra o paz. Pronto.

CAPITÁN
¿Acabaste?

EMBAJADOR
Acabé.

CAPITÁN
Ya la cólera me ahoga
Y casi no me deja contestarte.
Si embajador no fueras, ahora mismo
Sabrías con quien hablas, D. Atarte.
¿Rendirnos sin lidiar, moro altanero?
¿Nos tienes por traidores o cobardes?
Nunca lo fue esta villa, y pergaminos
Conserva en sus archivos que lo aclaren.
Dícesme que triunfaron tus abuelos
Aquí, allá y acullá, y en cien mil partes.
¿Por qué no has mencionado cuántas veces
Domó la Cruz las iras del alarbe?
La Cruz hoy mismo victonosa brilla
Desde Pirene hasta Tetuán, y alzarse
La ves hoy como nunca festejada
Por este pueblo religioso y grande.
Ella ha sido su amparo, ella libróle,
No ha mucho, de contagio miserable;
Ella le dará el triunfo, y Onteniente
Siempre bendecirá su sacra Imagen.
Recuerda a Covadonga, y a las Navas,
Y a Daroca, y los Santos Corporales,
Y al Cid Batallador, que de Valencia
Arrojó los morunos estandartes.
Hablas de tus mayores: contra todos
Un nombre solo te daré brillante,
Un nombre que tus bríos eche a tierra:
El nombre triunfador del rey D. Jaime.
¿Qué me importan a mi los montes de oro
Del déspota Abdalá, ni sus alfanjes,
Ni sus esclavas, que en el fango hundidas
Vieron su amor vendido en vil ultraje,
Ni el orgullo tiránico, que a miles
Las cabezas muslímicas abate?
¿Son esas las venturas que me ofreces?
¿Son eves los regalos que me traes?
Guárdate para ti leyes de hierro,
Guárdate para ti tus alcoranes:
El cristiano no sufre despotismos
De Abdala, ni Mahoma, denigrantes.
Real villa fue siempre la que mires;
Feudo no dio ni señorío a nadie;
La Santa Ley de Cristo, su Evangelio,
Fue de su municipio norte y base,
Y con su voto en Cortes, villa libre,
Onteniente guardó sus libertades.
La historia te lo dice. ¿Y ahora quieres
Que, olvidados de Dios y nuestros padres,
Cedamos a orgullosas embajadas
O a jactanciosas altaneras frases?
Vuelve y dile a tu rey que aquí esperamos,
Prontos a defender nuestros altares,
Nuestros fueron y el trono de los reyes
Que al honor español dieron realce.
Antes morir que sucumbir con mengua;
Antes que moro, el espanol es mártir.

EMBAJADOR
¿Tal dices, Capitán?

CAPITÁN
Tal dije, moro:
Ni una palabra más, y Dios te guarde.

EMBAJADOR
Parecerán tus bravos; sangre y fuego
Tendrán del Agrillente a Fontanares.

CAPITÁN
Pues CRISTO EN LA AGONÍA nos socorra:
Ya veréis vuestro Alá que es lo que hace.

EMBAJADOR
Por ti lo siento, Capitán valiente.

CAPITÁN
Por ti lo siento, Embajador galante.

EMBAJADOR
En la lid nos veremos.

CAPITÁN
Nos veremos
En medio al retronar de los combates.

EMBAJADOR
¡En el nombre de Alá, guerra al Cristiano!.

CAPITÁN
En el nombre de Dios, guerra al Alarbe!

(Suenan clarines y música. Guerra de una y de
otra parte).


POR LA TARDE
EMBAJADA DEL CRISTIANO

El mismo castillo de Onteniente; pero en lo alto, en vez de la bandera española, se ostenta la Media Luna.

Iterlocutores
Soldado Moro
Embajador Cristiano
El Emir

(Un soldado moro esta de centinela en el castillo. El Embajador cristiano, con sus guerreros, para su caballo a vista de la fortaleza y dice:)

EMBAJADOR
Valientes, allí está la noble villa,
La tierna madre, la querida patria,
Onteniente, de la árabe pantera
Sufriendo triste la opresora garra.
Vedla y llorad: no en mengua de sus hijos
Puso allí el moro su atrevida planta:
Defendióse el cristiano mientras tuvo
Sangre en las venas, y en las manos armas;
Pero el cielo, sin duda, probar quiso
Nuestro valor y nuestra fiel pujanza,
O castigar pecados de la gente
Que esos muros fortísimos guardaba.
Prometamos a Dios, nobles cristianos,
Enmendar ya las cometidas faltas:
CRISTO por su AGONÍA en nuestra ayuda
Vendrá, y a ser consuelo de nuestras ansias.
El pecho me lo anuncia: acaso troy mismo
Podamos tremolar la enseña santa
Sobre la torre que el Clariano copia
En el cristal de su corriente clara.
Nunca más perderemos estos muros;
Vendrán los siglos, y verá pasmada
La Historia que los hijos de Onteniente
Contribuyen a dar glorias a España.
¡Oh gozo! ya parece que los veo,
Y que escucho sus nombres y prosapia,
Y que en armas, en ciencias, en virtudes,
En artes, en riqueza y bienandanza,
No sólo en estos campos, sino en todos,
Lograr consiguen vencedora fama.
¡Oh! ¿quién pone sus nombres en mis labios?
Celeste inspiración mi pecho exalta,
Y como en profecía los pronuncio,
Y siento en gozo enajenarse el alma:
Un Cerdá, un Albuixech, Sanz, Lluch, Eixea,
Donat, Segriá, Tortosa, Pons, Sor Paula,
Y tantos otros que ilustrar consiguen
El blasón puro de la dulce patria.
Éste ya adquiere de marqués corona;
Aquél con la de conde se engalana;
Un Gomis llena a Europa de armonía;
Quevedo valenciano es un Galiana;
Callad, callad, paréceme que escucho
Celebrar tales glorias en un arpa
Que es hija de este río y estas fuentes,
Al Manzanares luego trasladada,
Donde, en lides de ingenio vencedora,
Logra el premio de manos de monarcas.
¡Que no sean ensueños de la mente
Estas que te presagio honras bizarras,
¡Oh villa queridísima y que el cielo
Aumente en siglos mil tu lustre y fama!
Preciso es pare ello, nobles tropas,
Que el pendón del castillo al punto caiga,
Y que la Cruz del Salvador domine,
Otra vez desde el Llombo a la Solana.
Mas quiero ver si nuestro Dios concede
Fuerza de convicción a mis palabras,
Y sin luchas ni asaltos arrojamos
De ese torreón las huestes musulmanas.
Aquí esperad, mientras el jefe moro
Arribo a proponerle mi embajada.

(Retírase la escolta algunos pasos, y el Embajador se adelanta hacia el castillo continúa diciendo:)

¡Cómo late mi pecho! Al fin te miro
De cerca, ¡oh villa en que pasé mi infancia.
Donde por vez primera los cantares
Lancé de amor a las serenas auras,
Y con faz los oyeron apacible
Donceles, y pastores, y serranas;
Donde por vez primera al cielo santo
Aprendí a dirigir tierna plegaria;
Donde por vez primera a llamar madre
A MARÍA mi madre me enseñaba,
A MARÍA, patrona de este suelo,
De pureza y de estrellas coronada
¡Salud, villa querida! ¡Dios consienta
Que en medio a tus verjeles y enramadas
Pueda vivir en la vejez caduca
El pecho libre de zozobras y ansias.
No ver la Media Luna en tus almenas;
Contemplarte feliz, rica y gallarda;
Amigos generosos, y una humilde
Tierra en tu campo, a mi deseo bastan.
Mas siento enternecerme, y por mi nombre,
Que ésta no es ocasión de quejas blandas,
Sino de ardor altivo y belicoso,
Que asuste a la falange musulmana.
allí está el centinela: llamar quiero,
Y que salga el Emir, que Dios abata.

(Dirigiéndose al centinela en voz alta, como llamando, dice:)

¡Hola, mozo barbudo! ¡Centinela!

SOLDADO
¡Hola, cristiano altivo! ¿Qué demandas?

EMBAJADOR
Ver quisiera al Emir que por acaso
Domina esa potente barbacana.

SOLDADO
Calma, sidi cristiano, y estad quieto,
Porque hoy no tengo de revuelta ganas.
¿Por acaso me has dicho? ¿Qué apostamos
A que quieres cobrar estas murallas?
En ellas estoy bien, y el adquirirlas
Un flechazo costóme en esta pata.

EMBAJADOR
Avisa a tu mandón, no charles tanto,
Y adviértele que vengo de embajada.

SOLDADO
¿Qué nos querrás decir? Ya lo sabemos:
Que tu rey, que tu Dios y que tu patria...

EMBAJADOR
Hablador eternal, cumple tu oficio.

SOLDADO
Ya voy, ya voy; habrá otra vez jarana.

(Vase.)

EMBAJADOR
No sólo de alcuzcuz, sino de miedo,
Ración lleva ese mozo muy sobrada.

(Aparece el Emir en el castillo.)

EMIR
Califa del Cristiano, alfaquí, jeque,
Aquí estoy, pues que dicen me buscabas.

EMBAJADOR
Moro, comendador, jefe, clavero,
Sultán, o lo que seas, dos palabras.

EMIR
Dilas, y Alá te inspire y te conserve.

EMBAJADOR
Oye, y Dios me las dicte al pronunciarlas.
Pecados de mis gentes consintieron
Que cediera esta villa a vuestra audacia;
Pero bien sabes el valor y el brío
Que en su defensa demostramos ardua.
Era la noche, y por doquier crujía
El estruendo y fragor de la batalla.
Sangre, destrozos, mortandad y horrores,
Al resplandor de amarillenta llama,
Al cristiano envolvían y al alarbe
Cuando vino a asaltar esas murallas.
El fuego consumía las almenas;
Rotas caían cimbras y pilastras,
Y exánimes los jóvenes y ancianos,
Daban y recibían muerte amarga.
Por fin vencisteis, porque el cielo quiso
Castigar nuestras culpas atrasadas;
Mas vuestra sangre enrojeció la sierra
Y del Clariano purpuró las aguas.
¿De qué os sirve el castillo de Onteniente?
De contínuo el cristiano os amenaza;
Paz, quietud no tendréis, si nuestra enseña
No nos dejáis poner en su alcazaba.
Cien valientes y cien jurado habemos
No desceñir la victoriosa espada,
No quitarnos la espuela punzadora,
Ni abandonar el casco y la coraza,
Sin rescatar de vuestras rudas manos
Nuestra querida, nuestra dulce patria.
Tierras os dejaremos y heredades;
Al cultivo os daréis y a la labranza;
Seguros viviréis bajo el imperio
De nuestro rey y de sus leyes sabias;
Donde no, desde aquí prometo y digo
Que será vuestra raza exterminada,
Y que ni un pequeñuelo ha de quedaros
Que cuente vuestro afán a otras comarcas.

EMIR
Embajador cristiano, bien conozco
Cuánto pueden recuerdos de la infancia,
Deseos de adquirir guerreras glorias,
Y afán de hallar tal villa restaurada;
Mas ved que esos deseos son en vano;
Mirad que esos afanes os enganan;
Reparad que defiendo este castillo;
A buenas no tendréis en él entrada.

EMBAJADOR
Poco me importa, testarudo moro;
Si no a buenas, en él entraré a malas.

EMIR
Mucho presumes de tu fuerte abrazo.

EMBAJADOR
Mucho presumo, y con razón sobrada.

EMIR
Duélome de ello; a la menor refiriega,
No pararéis hasta el peñón de Almansa.
¿Dónde está vuestro ejército? Menguado,
Sin fe, sin brío, sin poder, sin armas.
¿Cómo se ha de oponer al de Mahoma,
Que el sultán poderoso Abdalá manda?
Muy pronto a reforzarnos tropas nuevas
Van a llegar del África y del Asia;
Los ballesteros de Numidia horribles,
Que emponzoñan las flechas que disparan;
Los de rostro más negro que la noche,
Armados con gumías y con mazas;
Los que montan caballos más ligeros
Que el viento, y blanden poderosa lanza,
Y cien otros y cien, con los califas
Que viene predicando guerra santa.
Pensad que ya Castilla no os ayuda,
Que Aragón no os auxilia, ni Navarra;
Que os abandona vuestro Dios, y es fuerza
Que cedáis a las lunas musulmanas.

EMBAJADOR
¡Emir! ¿Qué es lo que dices? ¿Es posible
Que así te ciegue tu soberbia vana?
¡Que a la menor refriega cederemos!
¡Que echaremos a huir de vuestra rabia!
¿No nos veis acosaros cada día
Y haceros humillar la frente airada?
¿No existía bien cerca de este sitio
Un pueblo, Ben-Abray? ¿Qué es de sus cases?
Os las quemó el cristiano, y troy son era
Donde se aventan las trilladas parvas.
Vuestra mansión del Arbellar, ¿existe?
Ni el lugar conocéis en donde estaba;
Es un barranco y fuente, que el cristiano
Fuente de la PURÍSIMA la llama.
¡Que no tenemos fe! No nos conoces.
¿Pues por quién hoy al cielo se levantan
Piadosos corazones bendiciendo
A CRISTO EN LA AGONÍA soberana?
¡Que vendrán a ayudaros esos blancos
Y esos negros que dices, y esas bandas
De feroces leones y camellos,
De tigres y panteras africanas!
¡Que vengan, vive el cielo, que a nosotros
Ni Lucifer para asustarnos basta!
Al Dios de los ejércitos tenemos
A nuestro lado con la diestra armada;
Cabalga en torbellino tormentoso,
Le sigue el trueno, el rayo le acompaña;
El ángel de la muerte va anunciando
Las iras del Eterno y su pujanza;
Dios guía nuestros fuertes escuadrones Mientras por sierra combatiendo avanzan,
Y envía por el aire otros guerreros,
Que aterrorizan vuestras fuerzas bravas.
Los mismos son que visteis en cien partes,
Desde el Salado a las gloriosas Navas;
Los mismos son, temblad de oir sus nombres:
Santiago aquí, San Jorge allá en Alfama;
Pero sospecho, Emir, que a mis razones
Tu duro fanatismo no se ablanda.

EMIR
Y sospechas lo cierto, y va tu arenga
Siendo ya por demás cansada y larga.

EMBAJADOR
Más cansada ha de serte si en el campo
Tu espada se encontrara con mi espada.

EMIR
Se hallará cuando gustes, que no cedo.

EMBAJADOR
Pues mírala ya pronta a la batalla.

EMIR
¡Muslimes, a lidiar contra el cristiano!

EMBAJADOR
¡Cristianos, por JESÚS y por la PATRIA!
Oid: ¡Viva Onteniente!

TODOS
¡Viva! ¡Viva!

EMBAJADOR
¡Valientes, a las armas!

TODOS
A las armas!

(Guerra: disparan todos, y queda el castillo en poder de los cristianos).