- Introducción - Las comparsas
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Por Rafael A. Gandía VidalLa Sociedad de Festeros, como preámbulo a la semana de fiestas, presenta l'Esmorzar de la Llàgrima como una gozosa aportación a la celebración del festejo, siendo uno de los actos más entrañables y que alcanza excepcional importancia en nuestro mundo festero por ser el que realmente nos introduce en él, homenajeando al fester vivo y difunto.Todo comenzó en 1956 cuando después de la santa misa que se celebró en memoria de todos los festeros difuntos, a los pies del Santísimo Cristo, en la ermita de Santa Ana y en el transcurso del almuerzo que inauguraba los recientes remodelados locales de la Sociedad, salieron a comentario los festeros que vivían y los que no vivían pero estaban en el recuerdo de todos, los fundadores, los que trabajaron en y por la fiesta... Llegando hasta tal la emoción que saltaron las lágrimas al ser recordados tantos y tantos festeros que su presidente, Amadeo Gil, lo bautizó como L'Esmorzar de la Llàgrima. Desde entonces han aparecido nuevos presidentes, con unas características propias, pero fieles al alma popular; no han cambiado el sentido, ni mudado su forma externa, sino que sigue siendo idéntica la intención y la emoción que este acto encierra. Si bien el denominador común es el almuerzo, la evocación y pregonización de esos hombres junto con sus méritos innegables como personas -decisión, diplomacia, servicio, valor, trabajo- se erigen como PROTAGONISTAS de este acto junto a sus obras, centradas en sus propias comparsas y en la misma Sociedad de Festeros. Hombres que vieron, palparon y padecieron en y por la fiesta. Hombres que deben sus tiempos festeros a la tozudez con que se aferran a la fiesta, manteniendo hasta el último momento de su vida una adhesión tenaz a las ideas que les habían formado y que como fruto de esa herencia sienten en lo más profundo de sus corazones el nombre del que un día nos rescató y que es guía, patrón y protector, el Santísimo Cristo de la Agonía. En señal de gratitud se les ofrece a todos ellos una recompensa, una prueba de amor y cariño. Por eso es muy fácil imaginar la emoción de todos y la satisfacción que sienten quienes son galardonados, pues se entusiasma por igual quien hace el relato del suceso y quien lo escucha. En el Esmorzar de la Llàgrima se hace un vivo recuerdo a los festeros que nos abandonan a lo largo del año; a todos ellos la entidad les ofrece, junto a la misa oficiada en Santa Ana, el mejor recuerdo, dejando un profundo hueco emotivo en cada una de sus respectivas comparsas, al igual que dentro del mundo festero de Ontinyent. A los Primer Tro se les impone desde 1961 la medalla que les acredita como tales, ante el calor y aplauso de todos los asistentes. Pero como la fiesta es una emoción interminable, una ilusión perenne, la Sociedad de Festeros, reconociendo en cada momento a esos festeros cuya dedicación a la comparsa y a la fiesta ha sido ejemplar durante un largo número de años, todo aquel festero que cumple 65 años y que lleva saliendo a fiestas 50 años, les impone la insignia de plata al igual que aquellos que son miembros de su junta de gobierno. Asimismo subraya a un moro y a un cristiano que por su trayectoria son acreedores de la medalla de Primer Tro de Honor, y con la insignia de oro a los que, teniendo ya acreditada la de plata, siguen con ese espíritu de entusiasmo, afán y entrega. La historia de este acto, que galonan los aplausos del público que
llena a rebosar los locales de festeros y que rubrican, junto a las
sentidas palabras los acordes de Chimo o el Himno Oficial de
la ciudad, está repleta de hombres y mujeres cuyo interés fue el servir
a la fiesta.
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