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Por Rafael A. Gandía Vidal

Con motivo de celebrar en 1960 el I Centenario de nuestras fiestas de Moros y Cristianos la entonces Junta de Gobierno de la Sociedad de Festeros, presidida por D. Amadeo Gil Tortosa, instituyó el cargo de Reina de Fiestas y Damas de la Corte de Honor. Desde su instauración hasta que en 1991 dejó de existir, numerosas jóvenes aportaron su juventud e ilusión, su personalidad y belleza mientras las notas del pasodoble Reina de festes, que para ellas escribiera el Maestro José María Ferrero Pastor, les envolvia y acompañaba, haciéndoles hoy revivir aquellos bellos momentos cuando sus acordes son desgranados.

Sueños tejidos durante un año florecían cada agosto cuando, en las fastuosas entradas y sobre una artística carroza, ofrecían su simpatía y su sonrisa, o cuando, en las místicas procesiones ataviadas con el traje regional y la mantilla española, acompañaban a nuestro patrón y guía el Santísimo Cristo de la Agonía, pero sobre todo cuando eran proclamadas en un bello y singular acto donde se les imponía la banda acreditativa de sus cargos y recibían el canto poético del mantenedor, la mayoría de ellos hijos de esta tierra, junto a los aplausos del público que expectante llenaba aquel recinto.

Durante los tres primeros años, la Corte de Honor estuvo representada por una joven en representación de cada una de las comparsas, pero ante algunas dificultades y ciertos compromisos surgidos, la Junta de Fiestas resolvió que fueran designadas por ella en número de diez. Con el paso de los años y ante las muchas solicitudes por ser damas del festejo, de nuevo la Junta de Gobierno decidió que como previo requisito debería tenerse ascendencia festera para entrar en el sorteo que tuvo que hacerse.

En el transcurso de los 31 años en que duraron estos cargos y que el Reglamento de Fiestas de junio de 1985 trataba en su título octavo y en el que se señalaba que la elección de la Reina correspondía al Presidente, siendo ratificada por la Junta de Gobierno, cuatro han sido las ubicaciones del acto de su Programación: Durante los dos primeros años y ante la fachada de la Casa Consistorial se instaló el templete profusamente adornado e iluminado para ser admirado por el público que llenó por completo el recinto de la Plaza Mayor. Desde 1962 hasta 1972 el escenario fue los jardines de La Glorieta repleto de luces de colores para tal evento. Más tarde y hasta 1989 el teatro Echegaray fue el testigo mudo de este sin igual acto para finalizar en 1990 y 1991 en el cine Palafox.

Como curiosidades cabe resaltar que tan sólo la última de las soberanas, Lydia Revert Beneyto, no utilizó el sillón que desde la primera de las reinas, Mª Amor Tortosa Latonda, hasta su antecesora, Mamen Bordera Alvarez, habían ocupado; ella recibió el tributo de admiración sentada en un maquinto, que en alguna ocasión tuvieron que realizar el desfile de la Entrada a pie, bien por rotura de la carroza o porque ésta ofrecía poca seguridad, que en un principio era la primera autoridad local la que les imponía la banda acreditativa de sus cargos, que los hijos de Ontinyent que tuvieron la dicha de cantar las bellezas de esta tierra de sus fiestas y sus mujeres jamás recibieron recompensa económica alguna si en cambio algunos de los foráneos sobre todo en los primeros años.