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A medida que nos adentramos en el verano, cuando el calor de agosto pesa y mortifica, llegan puntuales las fiestas de Moros y Cristianos. Se trata de la más brillante herencia de la convivencia a lo largo de varios siglos entre dos culturas representadas por la cruz y la media luna.

Es un hecho evidente que, con el paso de los años la realidad histórica ha ido cediendo paso a la fantasía y, de esta manera podemos contemplar como, por ejemplo, los mozárabes que supieron guardar la fe cristiana, sus tradiciones y costumbres, hoy forman en el bando moro. De la misma manera, viendo desfilar a los bucaneros, cabe preguntarse:

¿qué hacen estos piratas o corsarios del mar Caribe, saqueando los galeotes españoles cargados de oro y plata, interviniendo en la reconquista española allá por los siglos medios?. Mayor anacronismo es el que protagonizan ciertas comparsas que aparecen disfrazadas de caníbales, zulús, vikingos y otras razas humanas no catalogadas por los etnólogos.

La historia en semejantes casos pierde la importancia. Lo que realmente interesa es que el espectáculo, a pesar de estas contradicciones, gane en brillantez y espectacularidad con el objetivo de que las respectivas capitanías: mora y cristiana, supere en boato a la del año anterior, incorporando para ello a la gran parada animales exóticos, carrozas y carromatos móviles con reproducciones de fuentes y monumentos locales. Todo ello sin olvidar grupos de baile, ejecutando "voluptuosas" danzas y contradanzas que se repiten de trecho en trecho interpolados con grupos de habilidosos jinetes montando sobre briosos caballos.

Año tras año, desde la definitiva conquista del Reino de Valencia, o por lo menos desde que tenemos constancia documentada de la celebración de este tipo de pantomima, pierden la batalla los seguidores de la Media Luna, a pesar de que éstos suelen doblar en número a los componentes de las huestes cristianas, todo lo cual hace suponer que los seguidores de la cruz ganan la batalla final a fuerza de brío y estrategia. En otros lugares el éxito final de las tropas cruzadas se resuelve gracias a la intervención de las potencias celestiales, como por ejemplo en la ciudad de Alcoi o Banyeres donde es el mismo San Jorge quien resuelve la partida a favor de los cristianos.

En Bocairent, el santo intercesor es San Blas, en Fontanars dels Alforins, la Virgen del Rosario y más allá San Jerónimo... y aquí en Ontinyent el Cristo de la Agonía.

                                                                                             Por Alfredo Bernabeu